jueves, 23 de julio de 2015

del inglés, Freak

La ciudad estaba llena de cuadrados torcidos rojos que no paraban de viajar a gran velocidad chocando con los otros elegantes y rectos de negro.
Planilandia era un sitio muy hostil en tiempos de crisis.



No hacía mucho tiempo que la paz se había destruido por un extraño plano beige que había invadido todo el universo en dos dimensiones. Algunos sospechaban que pudiera ser un círculo, un dedo, o un agujero negro a otra dimensión desconocida, algo que asustaba hasta el más pintado.
-¡Eh! -se quejaba el círculo.
-Me refiero al círculo entero, un redondel, una pelota en tres dimensiones.
-Ah. ¿Y eso qué es? No te explicas bien. Odio al rarito éste que habla de cosas que no entendemos nadie. Mal, eh, puta.
Algunos referían llamarlo friki.

Malevich, Black Square and Red Square, 1915; Óleo sobre lienzo


viernes, 1 de mayo de 2015

Mejor que Benjamin Button

He vivido al revés
Primero lo tuve todo como un jubilado falto de amor
luego la vida me daba palos como a un adulto
y ahora viviré como un niño el resto de mis días...
no me ha salido tan mal.

[Insertar corto Yo y mi hermano el especial aquí]

domingo, 12 de abril de 2015

Pasando la trasnoche en vela encendida

No había ni tiempo para cambiar nuestras postura, ni si quiera de mano. Yo estaba a la izquierda, y ella tenía mucho mano derecha,
sabía lo que se hacía, pero el ambidiestro era yo y ella la reservada.
Más tarde, después de caricias y preliminares, jugábamos a hacernos daño.
-Imbécil.
-Zorra.
Y después a violaciones.
-¡No! -y ya se imaginan el resto.
También cambiábamos los roles, las papeles y los rollos, pero siempre éramos el uno con el otro, para el otro.
La delicadeza no cabe en un juego erótico donde las bofetadas, cachetes y ahogamientos están a la orden de la noche.
Yo ya no sabía dónde empezaba un olor corporal y terminaba el mío propio, pero el amor que nos teníamos se respiraba en el ambiente.
El aire era entre denso y húmedo del calor de nuestros aparatos, aunque el calefactor estuviere apagado. Sonreíamos y nos echábamos miradas
desafiantes
como cuando por la calle mirábamos a otros y otras. Con la bisexualidad se nace, pero una mente perversa y sincera se hace. Desde muy joven,
por suerte, o por desgracia, habíamos perdido ya toda la inocencia.
Sin embargo no éramos capaces de controlar nuestros impulsos y acciones en mitad de la noche. Los despertares matutinos con gratas sorpresas y
alegres desayunos no eran para nosotros. Y aún así nos poníamos melosos como fingiendo que no iba con nosotros.
Hay miedos y debilidades, pero los abrazos, besitos y "cariños" no deberían ser uno de ellos; terrores nocturnos, miedos reales al mañana,
y a no perder el tiempo sí.
Nos calentábamos artificialmente cuando hacía frío, pero habríamos la ventana cuando hacía calor. La puerta, entreabierta,
porque la luz de la habitación era demasiado.
No fuese a entrar un gato, entrejúntala.
Y así lo hacía, con las piernas. Y como quien manipula dos palancas, apretándolas, tocándolas de arriba a abajo y separándolas o llevándolas arriba,
me sentía vivo de gritar y sentir por experiencia sus gemidos.
-Haces mucho ruido en la cama. -tenía razón, y no precisamente durmiendo, aunque luego cante por lo bajini para mi.
En realidad es el único lugar donde puedo desentonar, ya que mi trabajo es muy estricto y repetitivo. Una pena que no pueda compartirlo con el público,
aunque ciertamente sea un espectáculo nada convencional digo de grabar una serie entera... pero necesito las dos manos.
Mi cámara puede esperar a verlo más tarde. Aunque no me preocupen las proposiciones indecentes, las posiciones nuevas ni las posturas contrarias entre ambas partes,
no es un partido político ni uno de fútbol que ver en lugar de observar a mi amada armada hasta las medias de lana.
La luna fue llena tres días atrás, pero aún queda el reguero que duró lo que tardó la luna llena en dejar de serlo.
Llevaba mis canciones en el cuello, y, sin embargo, había dejado la música detrás. A un lado, a mi derecha, mi amante discerniendo para sí cómo levantarme mejor, yo,
a la izquierda, cómo poder despertarme y seguir soñando como hasta ahora lo hacía de bien.
Lo único que comimos fue la ambrosía de nuestro ser. Y, entonces, morimos de hambre.
Nadie se puede alimentar solo de fluidos... pero sí que no pasamos en ningún momento sed.

domingo, 4 de enero de 2015

Reynoland

Érase una vez, no, mejor, borrar, borrar. Hubo una vez, no, muy antiguo. Había una vez... muy cómico.
En cualquier caso, estaban no una, sino muchas veces -siempre que lo recuerdo- una multitud en una casa de árbol llena de enanitos que vivían en medio de un jardín junto al castillo de las princesas que estaba lleno de flores que brillaban en la oscuridad. Había plantas de todos los colores, amarillo fosforito, fucsia, granate... de todos los colores, porque en un mundo mágico y, como todos saben, en los mundos mágicos hay montones de animales y seres salvajes de lo más extraños que te podrías encontrar. Todo cuanto pudieses imaginar estaba por allí: un león alado con patas de elefante y caparazón de tortuga, un pegaso con tres cuernos y patas de cebra, una sirenita con cabeza de y cola de caballito de mar, un mono calvo con el culo azul y cuernos, un hipopotamo delgado con el cuello de jirafa y colmillos de cocodrilo, un rinoceronte...
 incluso los animales extinguidos como los dinosaurios pero en versión diminuta: podías ver un diplodocus bebé beber del río con su largo cuello en un charco pequeño.
Era un mundo fantástico.
Y lo mejor de todo, es que lo reinaban princesas. Sí, princesas. No había reinas ni reyes, no se sabe por qué, pero en este mundo no habían nada más que princesas y enanos. Y las princesas tenían las llaves de la puerta de los castillos; una bajaba de su alta torre para preguntarle a su vecina. Toc, toc.
-Tienes la llave, pasa cuando quieras, me estoy peinando.
Tenía una larga melena que le costaba peinar más de tres cuartos de luna menguante. (Esa era la unidad de medida de esta land).
-Amiga princesa azul, ¿has visto el fuego verde que hay en medio del bosque? Es como si se estuviera quemando algún árbol.
-Yo no huelo nada.
-Normal, ¡con tanto perfume! Ves y mira a ver si desde tu torre ves algo.
Dos días después, cuando terminó de arreglarse el pelo blanco, bajó de lo más alto y siguió:
-Yo no veo nada, princesa marrón. Serán imaginaciones tuyas.
-No, porque lo que imagino existe, y si lo he imaginado estará allí de verdad. Ven conmigo.
Pero no le creyó ni la consiguió convencer.
Princesa marrón tiene un largo pelo rubio ondulado que le llega hasta los tobillos, para no tropezarse al andar.
Ya fuera del castillo azul, construido con ladrillos del color del cielo, se dirigió por todo el reino mágico en busca de otra princesa que pudiera creer su historia.
-Voy a ver si la princesa amarilla me cree o me dice algo de qué puede ser.
Camino de la torre con un tejado rojo que estaba a milimillas de lejos de allí se encontró un caballo blanco con alas y tres cuernos.
-Debe ser de la princesa azul. -pensó.- Lo tomaré prestado, no creo que le importe. Luego sabrás volver, ¿verdad?
-Sí. -relinchó el pegaso.
En un santiamén, llegó al balcón de la torre amarilla y allí se encontraba la princesa que estaba esperando. Tenia unos anteojos morados con los que podía ver muy bien sino le tapaba su brillante pelo rojizo la vista apartándose el pelo de un soplido, como hiciere el asno que tenía con alas.
Bajó del burro y se despidió con un azucarillo de miel y limón.
-Princesa, princesa amarilla, ¿has visto el humo que sale de en medio de la selva? La otra princesa azulada no me ha hecho caso.
-Sí, lo veo, y no solo lo veo sino que sé lo que es.
-¿Ah? ¿Sí? ¿Y qué es?
-Son los trolls de las cavernas. Son seres apestosos que huelen a ciénaga y pantano y comen babas pegajosas de las larvas y babosas. Son seres repugnantes y muy mal educados que se portan muy mal y no respetan para nada a nadie. En cuanto tuviesen la ocasión, seguro que te lanzaban piedras y palos.
-Pero no puede ser. ¿Sí? ¿Quién imaginaría una cosa así? No me lo creo.
-Pues no te lo creas, princesa marrón, pero yo he oído cosas, y los ojos no mienten.
-¿Los has visto?
-Verlos, verlos no. Pero me los he imaginado así, y si me los he imaginado así es que muy diferentes no tienen que ser.
-Bueno, vale, voy a ver si encuentro a alguien haya visto u oído algo más.
Entonces vio un pequeño pato blanco con patas de flamenco y cuello de cisne.
-¡Oh! Qué patito más mono. ¡Ai! Me ha mordido.
-Es un pato. Los patos muerden. Tienen dientes.
-Yo pensaba que solo tenían pico.
-No.
-¿Qué le das de comer?
-Pan de aceite con queso a las hierbas, pero se me ha olvidado dárselo en un par de días.
-Claro, por eso está así.
Al día siguiente, llegó a casa de la princesa violeta. Había tenido tiempo para pensar en esa definición tan desagradable y grosera que le había hecho la princesa pelirroja que no podía creer. ¿Trolls de las cavernas? ¿Comerán mocos y se tirarán piedras? No, no puede ser.
-¡Violeta, violeta!
-Princesa marrón, te he dicho lunas de veces que me llames princesa violeta. No me ha costado sacarme el título en la escuela de magia para nada.
-Perdón. Princesa.
-¿Qué quieres?
A pesar de sus bruscos cambios de humor, la princesa tenía un corazón rosa, y era muy inteligente. No se dejaba engañar por lo que veía o le dijera nadie. Ni ella misma a veces. Puede ser un poco difícil convivir con ella misma tanto tiempo.
-Pues, verás.
-¿Qué tengo que ver?
Podía ser un poquito impaciente a veces, y podría tener unas ideas tan oscuras como la raíz de su cabello.
-He visto junto fuego junto al gran árbol, verde. ¿Podría estar incendiándose fuera de palacio?
-Sinceramente, no lo creo. Lo más probable es que algún enano esté haciendo a la brasa a alguna pobre e inocente criatura, o a otro enano.-dijo esto abriendo una de sus otras para coger una perla y atársela a su collar.

jueves, 1 de enero de 2015

Echon

Echo o no hecho a esta la noche. Blanca como la luna radiante brillaba. Noche mágica y estrellada con agujeros oscuros.
"Me pregunto cómo será la noche en otras partes." pensaba más allá de la galaxia Virgo A, el extraterrestre, orbitando en su cabeza inversa los colores en negativo de sus ideas.

martes, 21 de octubre de 2014

Palomas... ¿racistas?

Soplaba un cálido viento de poniente, el verano estaba cerca y se notaba en las hojas al caer. Un grupo de palomas sobrevolaba en bandada entre los edificios de la ciudad cuando en el suelo me percato de que hay una paloma negra más atrevida que se acerca sin miedo ante mis pasos mientras otra blanca desconfiaba por si acaso de los humanos; y bien que hacía. ¿La razón? Nunca se sabe cuándo se lanzarán sobre ellas.

 No hemos empezado en cientos de años, vamos a empezar ahora... y en cierto sentido, así me siento, contradictorio en mi mismo salvo en mis pensamientos más estúpidos. Estaba sentado en el parque, así que no podía hacer nada para ahuyentarla puesto que su presencia estorbaba mi labor de ser humano de sentirme superior controlando el espacio que me rodea. Y, sin embargo, en un acto de honrosa fe ciega en la naturaleza me retracto al ver en el animal algo que me hacía pensar que tenía problemas. Se encontraba quieto, inmóvil, no hacía nada por alejarse de quien pudiera ser una amenaza.

Un ruido ajeno a mi, aunque pudieran ser mis tripas, no inmutó a la paloma quien pareciera que pidiera para no quedarse muerta a pesar de que estuviese conservando muy bien sus fuerzas. No parecía muy fuerte, la verdad. Y en un fugaz momento de impulsividad científica disruptiva inspirada, aunque no lo suficiente impresionante para ella, di un golpe fuerte con el pie al suelo para hacerla volar. ¿Y qué imaginan que fue?  Nada. Ni se inmutó. Estaba sentada. Apaciblemente, impertérrita e inmutable. ¿Tendría superpoderes?¿Habría perdido el miedo durante sus últimos pasos en la escala de la evolución tras acostumbrarse a los humanos? Podría estar protegiendo a sus hijos pero al poco de observar, me di cuenta, con otra sacudida al suelo que tenía ¡una pata rota!
 Saltó de un sitio a otro con su pequeña patita impactada por el asombro de la insistencia de aquel hombre molesto y extraño ser para ella.
Se quejó. La oí gorjear. Grugru, gru gru.

Giré la mirada y vi aparecer en el horizonte de tierra, donde se juntaba el camino al banco con un lago, detrás de un árbol, a una tercera paloma. La miraba como suelen hacer ellas torciendo rápido la cabeza. En eso que me levanto y, de pronto, aterrizan una bandada de palomas y rodean a la indefensa mientras la otra se apartaba sin querer saber nada. Y yo me pregunto, ¿cómo se habría quedado coja ahí?

domingo, 7 de septiembre de 2014

Un día perdido

Un perdido que se escapa ante mis ojos no es nada en comparación con lo que es perder páginas u horas de trabajo. Yo, que casi al día no toco la guitarra y compongo una canción improvisada con o sin letra o que si no escribo un poema con inspiración o escribo parte de otro proyecto no me siento realizado, necesito organización. No puedo estar componiendo para nadie, escribiendo para nadie ni criticando, investigando o sufriendo sentado para nada. ¿Y si tuviera que estar haciendo deporte para que no se me atrofien los músculos o no se me vicie la costumbre del sedentarismo?
Ah, pero no, yo soy práctico, tendría que estar haciendo algo de provecho aunque sea para no estar haciendo nada.

A veces creo que soñar es mucho más ilustrativo y práctico que estar despierto o fuera de cualquier texto. Leer no es solo un placer, es el negocio por donde se nos brinda imaginación visual a pesar de que no veamos más allá de letras. Y es que estas en un orden pueden hacerte ver cosas que ni aunque estuvieran dibujadas verías mejor... a menos que estés ciego, en cuyo caso no estarías leyendo esto sino oyéndolo, que para el caso es lo mismo.

Continúa a: Condenado por la sociedad