Soplaba un cálido viento de poniente, el verano estaba cerca y se notaba en las hojas al caer. Un grupo de palomas sobrevolaba en bandada entre los edificios de la ciudad cuando en el suelo me percato de que hay una paloma negra más atrevida que se acerca sin miedo ante mis pasos mientras otra blanca desconfiaba por si acaso de los humanos; y bien que hacía. ¿La razón? Nunca se sabe cuándo se lanzarán sobre ellas.
No hemos empezado en cientos de años, vamos a empezar ahora... y en cierto sentido, así me siento, contradictorio en mi mismo salvo en mis pensamientos más estúpidos. Estaba sentado en el parque, así que no podía hacer nada para ahuyentarla puesto que su presencia estorbaba mi labor de ser humano de sentirme superior controlando el espacio que me rodea. Y, sin embargo, en un acto de honrosa fe ciega en la naturaleza me retracto al ver en el animal algo que me hacía pensar que tenía problemas. Se encontraba quieto, inmóvil, no hacía nada por alejarse de quien pudiera ser una amenaza.
Un ruido ajeno a mi, aunque pudieran ser mis tripas, no inmutó a la paloma quien pareciera que pidiera para no quedarse muerta a pesar de que estuviese conservando muy bien sus fuerzas. No parecía muy fuerte, la verdad. Y en un fugaz momento de impulsividad científica disruptiva inspirada, aunque no lo suficiente impresionante para ella, di un golpe fuerte con el pie al suelo para hacerla volar. ¿Y qué imaginan que fue? Nada. Ni se inmutó. Estaba sentada. Apaciblemente, impertérrita e inmutable. ¿Tendría superpoderes?¿Habría perdido el miedo durante sus últimos pasos en la escala de la evolución tras acostumbrarse a los humanos? Podría estar protegiendo a sus hijos pero al poco de observar, me di cuenta, con otra sacudida al suelo que tenía ¡una pata rota!
Saltó de un sitio a otro con su pequeña patita impactada por el asombro de la insistencia de aquel hombre molesto y extraño ser para ella.
Se quejó. La oí gorjear. Grugru, gru gru.
Giré la mirada y vi aparecer en el horizonte de tierra, donde se juntaba el camino al banco con un lago, detrás de un árbol, a una tercera paloma. La miraba como suelen hacer ellas torciendo rápido la cabeza. En eso que me levanto y, de pronto, aterrizan una bandada de palomas y rodean a la indefensa mientras la otra se apartaba sin querer saber nada. Y yo me pregunto, ¿cómo se habría quedado coja ahí?
martes, 21 de octubre de 2014
domingo, 7 de septiembre de 2014
Un día perdido
Un perdido que se escapa ante mis ojos no es nada en comparación con lo que es perder páginas u horas de trabajo. Yo, que casi al día no toco la guitarra y compongo una canción improvisada con o sin letra o que si no escribo un poema con inspiración o escribo parte de otro proyecto no me siento realizado, necesito organización. No puedo estar componiendo para nadie, escribiendo para nadie ni criticando, investigando o sufriendo sentado para nada. ¿Y si tuviera que estar haciendo deporte para que no se me atrofien los músculos o no se me vicie la costumbre del sedentarismo?
Ah, pero no, yo soy práctico, tendría que estar haciendo algo de provecho aunque sea para no estar haciendo nada.
A veces creo que soñar es mucho más ilustrativo y práctico que estar despierto o fuera de cualquier texto. Leer no es solo un placer, es el negocio por donde se nos brinda imaginación visual a pesar de que no veamos más allá de letras. Y es que estas en un orden pueden hacerte ver cosas que ni aunque estuvieran dibujadas verías mejor... a menos que estés ciego, en cuyo caso no estarías leyendo esto sino oyéndolo, que para el caso es lo mismo.
Continúa a: Condenado por la sociedad
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viernes, 6 de junio de 2014
Maldito soñador
Llegué a tu puerta, bajo tu ventana, para sorprenderte y oí a alguien. Ya era demasiado tarde para quedadas. Y habías hecho ya avanzar el juego bajo mi atenta mirada. Se burlaba de los inocentes que creen en el amor a primera vista, y yo sin mi guitarra con la que llorar no recitaba porque no podía hacer más que no dar crédito de la razón que tenía... mi estupidez, esa cosa que dicen que no tiene límites. Creo que fue un científico, y con razón. Y si yo soy humano, pues también.
Hay que estar loco para no creer en el amor, pero hay que estarlo mucho más para pensar que pueda ser eterno.
-Maldito soñador, qué se habrá creído. -le gritaba a una película de la tele.
-¿Qué dices? -la imaginé algo molesta.
-¡Ni que estuviera escuchándonos!
Si cada palabra duele como un puñal punzando un corazón serían esas: "Maldito soñador". Y yo maldigo el tiempo en el que el azar de los muertos me trajo a de un sueño a la vida ya que esta se me detiene como el infarto que dan pequeños espasmos en el cerebro involuntarios. Porque pensaba decírtelo con orgasmos. Y ahora soy un solo desecho orgánico del resultado de tu labia pretendida y ligeramente fina que me conquistaba por un momento en tu cama. Un momento en tu cama. Un momento en tu cama.
Olvidaría definir lo que es un momento, y lo que es... es... algo mágico. Nunca había invertido tanto amor en alguien en tan poco tiempo, y que el amor que repartes sea el mismo que te devuelven, como no sea que apuñalé a alguien o empezaría a hacerlo no me siento correspondido. Y las cartas nunca llegan al sitio ni a tiempo. Si lo hubiera sabido, ¿crees que hubiera perdido el tiempo con drogas que desconocía hasta hace un momento? Un momento, sí, pero no el mismo. Todavía no han inventado droga que defina lo que aquello significó para mi un momento, fugaz. Pero siento que te tengo que dejar, siento que no soy fiel no a ti sino a lo que digo, y que una vida enterna, la de tu vida, se te pase por alto en un solo momento no lo permito. No lo entiendo. ¿Cómo es posible que te quiera tan egoístamente que no quiera verte con nadie más? ¿Cómo puedo haber sido tan hipócrita?
-Que bañes tu cabeza, tu cuerpo, y te aclares esas ideas con agua fría.-ordenó replicando su compañero de piso marchando.
Maldito soñador se iba refunfuñando en voz baja y ausente. Sabía que lo decía. Nos conocemos de hace tres meses.
Bajo el grifo del agua fría nada cambiaba, seguía pensando que tenía que seguir mis instintos felinos que le llevan a mi corazón a hacer lo que ha hecho. A morir bajo un lecho de agua fría. Y ahora nunca imaginaría morir con agua caliente.
La corriente seguía su curso de toda la vida. Hasta la bañera llegaban atisbos de vida para descomponer los residuos naturales que podrían perfectamente pudrirse con el agua con el tiempo. Y en lo único que pensaba su compañero es en la sandwichera.
-¡Joder! Ya no voy a poder almorzar nunca más.
Hay que estar loco para no creer en el amor, pero hay que estarlo mucho más para pensar que pueda ser eterno.
-Maldito soñador, qué se habrá creído. -le gritaba a una película de la tele.
-¿Qué dices? -la imaginé algo molesta.
-¡Ni que estuviera escuchándonos!
Si cada palabra duele como un puñal punzando un corazón serían esas: "Maldito soñador". Y yo maldigo el tiempo en el que el azar de los muertos me trajo a de un sueño a la vida ya que esta se me detiene como el infarto que dan pequeños espasmos en el cerebro involuntarios. Porque pensaba decírtelo con orgasmos. Y ahora soy un solo desecho orgánico del resultado de tu labia pretendida y ligeramente fina que me conquistaba por un momento en tu cama. Un momento en tu cama. Un momento en tu cama.
Olvidaría definir lo que es un momento, y lo que es... es... algo mágico. Nunca había invertido tanto amor en alguien en tan poco tiempo, y que el amor que repartes sea el mismo que te devuelven, como no sea que apuñalé a alguien o empezaría a hacerlo no me siento correspondido. Y las cartas nunca llegan al sitio ni a tiempo. Si lo hubiera sabido, ¿crees que hubiera perdido el tiempo con drogas que desconocía hasta hace un momento? Un momento, sí, pero no el mismo. Todavía no han inventado droga que defina lo que aquello significó para mi un momento, fugaz. Pero siento que te tengo que dejar, siento que no soy fiel no a ti sino a lo que digo, y que una vida enterna, la de tu vida, se te pase por alto en un solo momento no lo permito. No lo entiendo. ¿Cómo es posible que te quiera tan egoístamente que no quiera verte con nadie más? ¿Cómo puedo haber sido tan hipócrita?
-Que bañes tu cabeza, tu cuerpo, y te aclares esas ideas con agua fría.-ordenó replicando su compañero de piso marchando.
Maldito soñador se iba refunfuñando en voz baja y ausente. Sabía que lo decía. Nos conocemos de hace tres meses.
Bajo el grifo del agua fría nada cambiaba, seguía pensando que tenía que seguir mis instintos felinos que le llevan a mi corazón a hacer lo que ha hecho. A morir bajo un lecho de agua fría. Y ahora nunca imaginaría morir con agua caliente.
La corriente seguía su curso de toda la vida. Hasta la bañera llegaban atisbos de vida para descomponer los residuos naturales que podrían perfectamente pudrirse con el agua con el tiempo. Y en lo único que pensaba su compañero es en la sandwichera.
-¡Joder! Ya no voy a poder almorzar nunca más.
domingo, 26 de enero de 2014
La chica con un agujero negro dentro.
"-No hay desesperanza en mi, sino la certeza de que lo posible y normal para casi todo el mundo es inalcanzable para mi." fue lo último que pensaba antes de dormir.
Vivía plácidamente descansando sobre la repisa de su lugar de trabajo. El escritorio estaba lleno, desparramado de dibujos al óleo y retratos a carboncillo. No muy lejos tenía la cama con su almohada perfectamente desordenada para no desentonar con el resto de la habitación.
La luz natural ya no era lo normal para ella, sino que se bronceaba con la lámpara ecológica que tenía en el cuarto de bajo consumo. Se podía haber quedado con ella encendida toda la noche, pero su mano no podía seguir el ritmo de su cabeza, por lo que le hacía soñar a veces con que dibujaba cuadros, todos los que tenía por acabar, pero al despertar comprobaba la cruda realidad de que todos seguían estando como los había dejado la noche anterior. Deseaba que el lápiz fuera mágico y que plasmara por sí solo las imágenes que tan fugazmente pueden pasar por tu cabeza cual una lluvia de estrellas.
Se te va la cabeza, se te va a veces, pero no te importa. Para ti la realidad es como un destello de luz que viene y se va, eclipsada por esa epilepsia que te aleja de la realidad y te lleva a otro mundo cual narcolepsia. Y no dejas de soñar cuando despiertas, pero cuando estás allá, me encantaría saber qué pasa por tu mente. Y encuentro quizás en ella una mujer inerte, tirada sin vida entre una laguna cristalina en medio de las enredaderas de la selva tropical. Se incorpora en cuerpo y alma, y se sumerge y sale tras no hacer otra cosa más que beber. Beber del manantial de sabiduría, y esperanza, porque van unidas más allá de lo que pueda provocar los excesos de una sin la otra.
Pero entonces despiertas, despertabas y piensas que no puedes más. Que tienes un gran vacío en tu vida que no sabes cómo llenar. Ni con comida, ni con amores de una noche de verano, ni con las drogas que te brinda la vida, ni con el agua pura del manantial.
Ella tiene un agüjero negro que cada día pide más y más, y ya no sabes qué darle, qué llenar. Peor que una tenia, solitaria, o a saber qué más. Y si tuvieras un parásito en la oreja quizás lo atiborrarías a base de musicalidad, pero no es tan sencillo cuando el vacío existencial llega más allá y cruza las fronteras entre el estómago y el diafragma.
Temes porque se le ocurra atacarte al corazón, y eso es lo que te provocan de verdad esos desmayos que temes que no se cumplan cuales deseos de verdad, de estrellas fugaces o de sueños que vienen y van para quedarse en forma de tedioso trabajo. Porque es lo único que te queda en realidad, y te satisface cada muy poco, cuando acabas lo que tenías que terminar. Pero siempre hay un mundo más allá por empezar, gente nueva e interesante, campos y tierras por descubrir, un mundo nuevo lleno de bondad por dejar de soñar con el que, quizás, con un poco de suerte si soñamos todos con fuerza, podamos llegarlo a alcanzar.
Que los pequeños actos de la naturaleza sean más la fortaleza de la nueva casa espiritual que es la madre tierra, y que aquellos pequeños parásitos que habitan y te invaden tu cuerpo en sociedad sean tan insignificantes que un día desaparezcan.
Vivía plácidamente descansando sobre la repisa de su lugar de trabajo. El escritorio estaba lleno, desparramado de dibujos al óleo y retratos a carboncillo. No muy lejos tenía la cama con su almohada perfectamente desordenada para no desentonar con el resto de la habitación.
La luz natural ya no era lo normal para ella, sino que se bronceaba con la lámpara ecológica que tenía en el cuarto de bajo consumo. Se podía haber quedado con ella encendida toda la noche, pero su mano no podía seguir el ritmo de su cabeza, por lo que le hacía soñar a veces con que dibujaba cuadros, todos los que tenía por acabar, pero al despertar comprobaba la cruda realidad de que todos seguían estando como los había dejado la noche anterior. Deseaba que el lápiz fuera mágico y que plasmara por sí solo las imágenes que tan fugazmente pueden pasar por tu cabeza cual una lluvia de estrellas.
Se te va la cabeza, se te va a veces, pero no te importa. Para ti la realidad es como un destello de luz que viene y se va, eclipsada por esa epilepsia que te aleja de la realidad y te lleva a otro mundo cual narcolepsia. Y no dejas de soñar cuando despiertas, pero cuando estás allá, me encantaría saber qué pasa por tu mente. Y encuentro quizás en ella una mujer inerte, tirada sin vida entre una laguna cristalina en medio de las enredaderas de la selva tropical. Se incorpora en cuerpo y alma, y se sumerge y sale tras no hacer otra cosa más que beber. Beber del manantial de sabiduría, y esperanza, porque van unidas más allá de lo que pueda provocar los excesos de una sin la otra.
Pero entonces despiertas, despertabas y piensas que no puedes más. Que tienes un gran vacío en tu vida que no sabes cómo llenar. Ni con comida, ni con amores de una noche de verano, ni con las drogas que te brinda la vida, ni con el agua pura del manantial.
Ella tiene un agüjero negro que cada día pide más y más, y ya no sabes qué darle, qué llenar. Peor que una tenia, solitaria, o a saber qué más. Y si tuvieras un parásito en la oreja quizás lo atiborrarías a base de musicalidad, pero no es tan sencillo cuando el vacío existencial llega más allá y cruza las fronteras entre el estómago y el diafragma.
Temes porque se le ocurra atacarte al corazón, y eso es lo que te provocan de verdad esos desmayos que temes que no se cumplan cuales deseos de verdad, de estrellas fugaces o de sueños que vienen y van para quedarse en forma de tedioso trabajo. Porque es lo único que te queda en realidad, y te satisface cada muy poco, cuando acabas lo que tenías que terminar. Pero siempre hay un mundo más allá por empezar, gente nueva e interesante, campos y tierras por descubrir, un mundo nuevo lleno de bondad por dejar de soñar con el que, quizás, con un poco de suerte si soñamos todos con fuerza, podamos llegarlo a alcanzar.
Que los pequeños actos de la naturaleza sean más la fortaleza de la nueva casa espiritual que es la madre tierra, y que aquellos pequeños parásitos que habitan y te invaden tu cuerpo en sociedad sean tan insignificantes que un día desaparezcan.
domingo, 12 de enero de 2014
En cueros
Ahí estaba yo, bravo al verdugo, valiente al atardecer. Ala triste, rota, y tocada... es todo lo que podía pasar por mi pequeña cabeza, pero sabía a lo que me enfrentaba entre la arena.
No daba cabida a porqué estaba yo ahí, debía estar fuera, libre, corriendo a mis anchas, rodeado de verde, por prados y valles, no haciendo de ornamentación para nadie.
Tenía miedo, ¿qué esperaban? Que embistiera, eso es, que arremetiera contra todo. Y a cada vuelta, con cada giro brusco caía. Ruedo, el suelo naranja y yo cara abajo, babeo.
Ya nos habían contado esto, pero no pude creerlo, pensaba que nunca me venderían de esa forma, pero era mi día, hoy me tocaba a mi batirme en duelo contra aquel héroe vitoreado donde yo era el malo, un villano que nunca ha tenido voz cuando más de uno podría explicar mi situación y la de muchos otros. Es una verdadera injusticia. Yo tenía puestos los cuernos, y ya solo con eso no podía explicar nada más. Cómo me veía, me sentía apagado, no quería caer en la provocación y no hacía nada, estaba fuera. Y no fuera de control, ni fuera de mi, estaba tranquilo pese a todo lo que estaba por venir.
La única distracción era él, brillante y con un lúcido porte, amenazante, de verdad, más que yo. Se acercaba dando una vuelta.
Si bien nunca he tenido un color predilecto, podría asegurar que el fucsia no se encontraba de entre mis favoritos, prefería el verde de mis campos que recordaba en mis últimas horas de vida, porque lo sé, lo sabía que aquello no podía acabar bien. En todo duelo siempre tiene que haber un vencedor y un vencido, y tenía todas las de perder, y, tras varias sacudidas no era yo quien tenía una espada y una capa roja, pero os aseguro que no era un superhéroe aunque así lo aclamaran cuando me hirió de muerte.
Manchado el ruedo naranja de sangre y babas, con mis cuernos y ornamenta intacta, me derrumbé derrotado en el centro de la plaza mientras un escaso público enfermizo aclamaba pidiendo la piedad de mi muerte cuando me cortaron las orejas y el rabo. Ya no era un toro bravo nunca más, y el verdugo que algún toro me había descrito, no tuvo piedad conmigo. Todavía no entiendo porqué encima le echan las flores que podía ver y respirar en el prado, libremente, donde imagino que vuelvo a estar para siempre tranquilo, pero que no os dejen engañar, esta herida que me alcanza al pecho es mortal, fatal, y más dolorosa que cualquier bandera o banderilla que me hayan clavado de más.
Estas palabras no son más que los pensamientos de todos los que han corrido, en la corrida, la misma suerte que yo final. Y solo espero que a esta inhumana agonía se le ponga punto y a parte algún día. Hoy descansaré mientras en paz.
No daba cabida a porqué estaba yo ahí, debía estar fuera, libre, corriendo a mis anchas, rodeado de verde, por prados y valles, no haciendo de ornamentación para nadie.
Tenía miedo, ¿qué esperaban? Que embistiera, eso es, que arremetiera contra todo. Y a cada vuelta, con cada giro brusco caía. Ruedo, el suelo naranja y yo cara abajo, babeo.
Ya nos habían contado esto, pero no pude creerlo, pensaba que nunca me venderían de esa forma, pero era mi día, hoy me tocaba a mi batirme en duelo contra aquel héroe vitoreado donde yo era el malo, un villano que nunca ha tenido voz cuando más de uno podría explicar mi situación y la de muchos otros. Es una verdadera injusticia. Yo tenía puestos los cuernos, y ya solo con eso no podía explicar nada más. Cómo me veía, me sentía apagado, no quería caer en la provocación y no hacía nada, estaba fuera. Y no fuera de control, ni fuera de mi, estaba tranquilo pese a todo lo que estaba por venir.
La única distracción era él, brillante y con un lúcido porte, amenazante, de verdad, más que yo. Se acercaba dando una vuelta.
Si bien nunca he tenido un color predilecto, podría asegurar que el fucsia no se encontraba de entre mis favoritos, prefería el verde de mis campos que recordaba en mis últimas horas de vida, porque lo sé, lo sabía que aquello no podía acabar bien. En todo duelo siempre tiene que haber un vencedor y un vencido, y tenía todas las de perder, y, tras varias sacudidas no era yo quien tenía una espada y una capa roja, pero os aseguro que no era un superhéroe aunque así lo aclamaran cuando me hirió de muerte.
Manchado el ruedo naranja de sangre y babas, con mis cuernos y ornamenta intacta, me derrumbé derrotado en el centro de la plaza mientras un escaso público enfermizo aclamaba pidiendo la piedad de mi muerte cuando me cortaron las orejas y el rabo. Ya no era un toro bravo nunca más, y el verdugo que algún toro me había descrito, no tuvo piedad conmigo. Todavía no entiendo porqué encima le echan las flores que podía ver y respirar en el prado, libremente, donde imagino que vuelvo a estar para siempre tranquilo, pero que no os dejen engañar, esta herida que me alcanza al pecho es mortal, fatal, y más dolorosa que cualquier bandera o banderilla que me hayan clavado de más.
Estas palabras no son más que los pensamientos de todos los que han corrido, en la corrida, la misma suerte que yo final. Y solo espero que a esta inhumana agonía se le ponga punto y a parte algún día. Hoy descansaré mientras en paz.
lunes, 30 de diciembre de 2013
Telempatía visual
Él siempre se comportaba de forma extraña, tenía un andar peculiar y casi nunca podías haberle oído hablar, quizás susurrar o maldecir para sí mismo. Pero era un chico muy atento, misterioso, que no necesitaba mirarte a la cara cuando te dirigías a él, porque la mayor parte del tiempo solo respondía "nada". Se podría decir que si muriera mañana, nadie acudiría a su entierro. Ni si quiera él.
Su manera de abstraerse era envidiable. Podrían estar diciendo lo que fuera en clase, podría estar sucediendo lo que fuera en la calle, que nada le distraía de su camino ni de su objetivo. Ponía la mirada fija siempre en la nuca de la gente, y nunca se daban cuenta de ello. Quizás podías sentir un escalofrío como si alguien se hubiera introducido en tu cabeza, pudiera ver todos tus pensamientos y volverse a ir cogiendo lo que hubiera querido, pero no era capaz de usar la información a su favor. Sí, creía que podía ver a través de los ojos de la gente, que podía sentir lo que ellos sentían a distancia, solo con ver. Y esa era una habilidad un tanto extraña. ¿De qué te servía saber qué estaban mirando los demás? Porque a menos que hubiera algún peligro y hubiera alguien que lo viera el primero, y tuviera que enterarse todo el mundo para poder escapar o enfrentarse ante la amenaza que se viniera encima, no parecía de lo más útil ni provechoso pasarse el tiempo mirando a sus compañeros y compañeras mirar al papel.
Por lo demás, era un chico aplicado, pero dentro de la media, nunca sacaba más ni menos nota que la más lista de la clase. Donde destacaba era en su apatía hacia el resto de compañeros. No hacía caso de los novatadas que trataban de colarle los más gamberros del aula, y ni si quiera prestaba atención a las charlas de los profesores cuando alguno se pasaba de listo. Era, en el fondo, un chico tranquilo pero que no le gustaba que le tomaran a cachondeo aunque su habilidad no confesa era para tomárselo a broma. ¿Quién le iba a creer? ¿Para qué? Solo necesitaba el convencimiento que había que tener para creer en su poder.
Pero toda habilidad puede provocar desastres si se controla mal, o si se hace un mal uso de ella. Por ejemplo en la carretera. Una vez, viajando atento de copiloto sin hacer mucho caso a los niños del coro que se oían por la radio nacional, desde una rotonda, puso su atención sobre el conductor de un coche rojo matrícula 1973AM que iba a más de 90km/h por una carretera de una ciudad, y vio lo que nadie hubiera querido ver... un siniestro total. Se empotró contra un coche familiar con tres hijos, incluido el bebé a bordo como podías ver en el estampado de la luna rota.
No pudo menos que sentirse culpable por haber visto todo aquello. Claro, no es lo mismo si ignoras qué ha sucedido, pero si has estado presente, si has sido testigo visual de lo ocurrido, no podías por menos sentirte afectado, y más pasando de largo de aquel accidente que pensó que podía incluso haberlo evitado. Toda una tragedia para su poder, y su alegría ya que la desgana le invadió el cuerpo y se le apoderó de él un pesimismo que le haría mirar hacia abajo durante el resto de su vida.
No volvió a mirar a nadie a la cara, más que a los pies, ni mucho menos a los ojos que los evitaba. Se ponía detrás en el aula y creyó de una vez por todas que debería dejar de usar su poder. Podía provocar muchas cosas indeseadas, y como él no deseaba nada más, simplemente se dejó llevar por el paso del tiempo.
No levantaba cabeza, no aprobó nunca más, y eso que estaba atento a las charlas de los profesores, pero se negaba a participar, ni si quiera a coger el boli y a escribir en una hoja de papel que se supone que calificaba sus conocimientos pero no sus habilidades tan interesantes como la de ver a través de los ojos de los demás.
-Pobrecito.
Se apenaba la gente de él.
-¿Qué será de él?
Se apiadaban.
Ya se lo imaginan, un personaje, o un loco, que se creía que tenía un poder, pero más que eso, dejó de creer en sí mismo. ¿Qué más da que no viese a través del resto?¿Qué importaba que no pudiera sentir lo que los otros veían? Una verdadera lástima porque ahora no verían más que eso, pena y sufrimiento. Nadie nunca supo lo que él creía, ¿cómo iban a animarle? ¿Cómo? Si nunca ha hecho o dicho nada, ¿porqué querrían ahora levantarle el ánimo?
-Mírale.
-¿Qué le pasará?
-No sé... pero está destrozado.
-Quizás fuera por el examen de ayer.
-Qué va, no creo. Ni se molestó en mirarlo. Cogió y se fue.
-Tal vez está frustrado... a mi me suele pasar, pero de normal intento hacer algo para evitarlo.
-¿El qué?
-Hablar, supongo. Con eso basta.
-No creo que hablar solo le ayude.
-¿Qué dices? Digo ir a hablar con él. Preguntarle o algo... no sé.
-Tío, está loco. No le ha dicho hola nunca a nadie.
-Bueno, pero antes saludaba con la mirada. Te dejaba la puerta abierta cuando entraba puntual y sabía que tú llegabas tarde. Incluso, una vez, le vi recoger la basura que otros habían tirado jugando a ver quién encestaba más bolas de papel.
-Sí, y cuando hicimos la guerra de bolas ni se inmutó. Aunque le diera con una bola de papel en la cabeza.
"Aquel día estaba obnubilado por la flagrante presencia de mi compañera Marta. Nos habían cambiado de sitio mes y medio atrás, recién entrada la primavera, y desde entonces la veía cada mañana alegre sonreír y sentarse más y más veraniega. Se giraba de vez en cuando a pedirme prestado algo, un lápiz, un bolígrafo, o un consejo como aquel sobre si le quedaba mejor el pelo suelto o recogido. Ese día quedé sin palabra, me quedé boquiabierto pudiendo haber emitido algún gutural sonido mientras se soltaba el pelo y cuando me miró no hice otra cosa más que sonreír y asentir con la cabeza aunque en ese mismo momento me cayera una bola en la coronilla. Esa vez no se me pasaba por la cabeza "Puedes quedártelo." sino más bien "Te quiero, y eres lo mejor que me habrá pasado nunca."... pero me dijo que no. Nos cambiaron nuevamente de sitio y ya no nos volvimos a dirigir la palabra.
Salva se acercó a mi. Un chico amable y con carisma, de pelo negro corto, que le gustaba mirar a través de la ventana y correr por el patio. Nunca había hecho nada malo."
-Hey, tío, ¿qué te pasa? -estaba con la cabeza agachada apoyando su peso entre sus brazos cruzados a modo de escudo protector.
-Es curioso, -dije por primera vez en mucho tiempo.- no sabría decirte porqué...
Normal, pensaría seguro.
-...pero sabía que ibas a venir a preguntarme eso mismo.
-¿Un déjà vu? -pronunció a duras penas más tirando hacia una "i".
-¿Un qué?
-Si hombre, ya sabes, eso de que "has visto" algo antes de que ocurriera, o tu cerebro lo interpreta así.
Nadie me dijo nunca antes qué era lo que tenía, pero ahora le podía poner nombre. ¿Qué otro nombre le podía poner sino a la habilidad de presentir, intuir, aquello que va a pasar? De verlo todo antes de tiempo, antes de que suceda.
-Pues será eso. -dije con una sonrisa de iluminado de par en par.
-A mi me ha pasado también, que yo recuerde...
¿A él también le había pasado? No puede ser. Osea que no era el único.
-...un par de veces.
¡Ah! Bueno. A mi me pasa constantemente.
-Luego resultó que realmente sí había estado dos veces en el mismo sitio, y con los mismos compañeros cuando lo sentí...pero creo que nadie más se dio cuenta.
Esas últimas palabras que no muchos pudieron oír, quizás sí oír, pero no prestándole atención me marcaron tanto que aún las recuerdo. Tenía que hacerlo, al menos darme el derecho a intentarlo. Aunque fuera una vez. Así que me acerqué decidido a ella mientras cerraba la mochila y le dije:
Su manera de abstraerse era envidiable. Podrían estar diciendo lo que fuera en clase, podría estar sucediendo lo que fuera en la calle, que nada le distraía de su camino ni de su objetivo. Ponía la mirada fija siempre en la nuca de la gente, y nunca se daban cuenta de ello. Quizás podías sentir un escalofrío como si alguien se hubiera introducido en tu cabeza, pudiera ver todos tus pensamientos y volverse a ir cogiendo lo que hubiera querido, pero no era capaz de usar la información a su favor. Sí, creía que podía ver a través de los ojos de la gente, que podía sentir lo que ellos sentían a distancia, solo con ver. Y esa era una habilidad un tanto extraña. ¿De qué te servía saber qué estaban mirando los demás? Porque a menos que hubiera algún peligro y hubiera alguien que lo viera el primero, y tuviera que enterarse todo el mundo para poder escapar o enfrentarse ante la amenaza que se viniera encima, no parecía de lo más útil ni provechoso pasarse el tiempo mirando a sus compañeros y compañeras mirar al papel.
Por lo demás, era un chico aplicado, pero dentro de la media, nunca sacaba más ni menos nota que la más lista de la clase. Donde destacaba era en su apatía hacia el resto de compañeros. No hacía caso de los novatadas que trataban de colarle los más gamberros del aula, y ni si quiera prestaba atención a las charlas de los profesores cuando alguno se pasaba de listo. Era, en el fondo, un chico tranquilo pero que no le gustaba que le tomaran a cachondeo aunque su habilidad no confesa era para tomárselo a broma. ¿Quién le iba a creer? ¿Para qué? Solo necesitaba el convencimiento que había que tener para creer en su poder.
Pero toda habilidad puede provocar desastres si se controla mal, o si se hace un mal uso de ella. Por ejemplo en la carretera. Una vez, viajando atento de copiloto sin hacer mucho caso a los niños del coro que se oían por la radio nacional, desde una rotonda, puso su atención sobre el conductor de un coche rojo matrícula 1973AM que iba a más de 90km/h por una carretera de una ciudad, y vio lo que nadie hubiera querido ver... un siniestro total. Se empotró contra un coche familiar con tres hijos, incluido el bebé a bordo como podías ver en el estampado de la luna rota.
No pudo menos que sentirse culpable por haber visto todo aquello. Claro, no es lo mismo si ignoras qué ha sucedido, pero si has estado presente, si has sido testigo visual de lo ocurrido, no podías por menos sentirte afectado, y más pasando de largo de aquel accidente que pensó que podía incluso haberlo evitado. Toda una tragedia para su poder, y su alegría ya que la desgana le invadió el cuerpo y se le apoderó de él un pesimismo que le haría mirar hacia abajo durante el resto de su vida.
No volvió a mirar a nadie a la cara, más que a los pies, ni mucho menos a los ojos que los evitaba. Se ponía detrás en el aula y creyó de una vez por todas que debería dejar de usar su poder. Podía provocar muchas cosas indeseadas, y como él no deseaba nada más, simplemente se dejó llevar por el paso del tiempo.
No levantaba cabeza, no aprobó nunca más, y eso que estaba atento a las charlas de los profesores, pero se negaba a participar, ni si quiera a coger el boli y a escribir en una hoja de papel que se supone que calificaba sus conocimientos pero no sus habilidades tan interesantes como la de ver a través de los ojos de los demás.
-Pobrecito.
Se apenaba la gente de él.
-¿Qué será de él?
Se apiadaban.
Ya se lo imaginan, un personaje, o un loco, que se creía que tenía un poder, pero más que eso, dejó de creer en sí mismo. ¿Qué más da que no viese a través del resto?¿Qué importaba que no pudiera sentir lo que los otros veían? Una verdadera lástima porque ahora no verían más que eso, pena y sufrimiento. Nadie nunca supo lo que él creía, ¿cómo iban a animarle? ¿Cómo? Si nunca ha hecho o dicho nada, ¿porqué querrían ahora levantarle el ánimo?
-Mírale.
-¿Qué le pasará?
-No sé... pero está destrozado.
-Quizás fuera por el examen de ayer.
-Qué va, no creo. Ni se molestó en mirarlo. Cogió y se fue.
-Tal vez está frustrado... a mi me suele pasar, pero de normal intento hacer algo para evitarlo.
-¿El qué?
-Hablar, supongo. Con eso basta.
-No creo que hablar solo le ayude.
-¿Qué dices? Digo ir a hablar con él. Preguntarle o algo... no sé.
-Tío, está loco. No le ha dicho hola nunca a nadie.
-Bueno, pero antes saludaba con la mirada. Te dejaba la puerta abierta cuando entraba puntual y sabía que tú llegabas tarde. Incluso, una vez, le vi recoger la basura que otros habían tirado jugando a ver quién encestaba más bolas de papel.
-Sí, y cuando hicimos la guerra de bolas ni se inmutó. Aunque le diera con una bola de papel en la cabeza.
"Aquel día estaba obnubilado por la flagrante presencia de mi compañera Marta. Nos habían cambiado de sitio mes y medio atrás, recién entrada la primavera, y desde entonces la veía cada mañana alegre sonreír y sentarse más y más veraniega. Se giraba de vez en cuando a pedirme prestado algo, un lápiz, un bolígrafo, o un consejo como aquel sobre si le quedaba mejor el pelo suelto o recogido. Ese día quedé sin palabra, me quedé boquiabierto pudiendo haber emitido algún gutural sonido mientras se soltaba el pelo y cuando me miró no hice otra cosa más que sonreír y asentir con la cabeza aunque en ese mismo momento me cayera una bola en la coronilla. Esa vez no se me pasaba por la cabeza "Puedes quedártelo." sino más bien "Te quiero, y eres lo mejor que me habrá pasado nunca."... pero me dijo que no. Nos cambiaron nuevamente de sitio y ya no nos volvimos a dirigir la palabra.
Salva se acercó a mi. Un chico amable y con carisma, de pelo negro corto, que le gustaba mirar a través de la ventana y correr por el patio. Nunca había hecho nada malo."
-Hey, tío, ¿qué te pasa? -estaba con la cabeza agachada apoyando su peso entre sus brazos cruzados a modo de escudo protector.
-Es curioso, -dije por primera vez en mucho tiempo.- no sabría decirte porqué...
Normal, pensaría seguro.
-...pero sabía que ibas a venir a preguntarme eso mismo.
-¿Un déjà vu? -pronunció a duras penas más tirando hacia una "i".
-¿Un qué?
-Si hombre, ya sabes, eso de que "has visto" algo antes de que ocurriera, o tu cerebro lo interpreta así.
Nadie me dijo nunca antes qué era lo que tenía, pero ahora le podía poner nombre. ¿Qué otro nombre le podía poner sino a la habilidad de presentir, intuir, aquello que va a pasar? De verlo todo antes de tiempo, antes de que suceda.
-Pues será eso. -dije con una sonrisa de iluminado de par en par.
-A mi me ha pasado también, que yo recuerde...
¿A él también le había pasado? No puede ser. Osea que no era el único.
-...un par de veces.
¡Ah! Bueno. A mi me pasa constantemente.
-Luego resultó que realmente sí había estado dos veces en el mismo sitio, y con los mismos compañeros cuando lo sentí...pero creo que nadie más se dio cuenta.
Claro la clase es el único sitio donde se pueden repetir las mismas situaciones con la misma gente. No puede haber muchos sitios más donde eso suceda.
-Me pongo en tu lugar.
-¿Me entiendes? -sí, aparte.
-Que te cambio el sitio, que empieza la clase.
<<"Mientras le dejaba con la palabra en la boca, colgando, abierta, me senté donde donde él estaba que para mi suerte y por fortuna se encontraba justo al lado derecho del asiento de Marta.
-Que te cambio el sitio, que empieza la clase.
<<"Mientras le dejaba con la palabra en la boca, colgando, abierta, me senté donde donde él estaba que para mi suerte y por fortuna se encontraba justo al lado derecho del asiento de Marta.
Se acercaba el profesor de física y mientras todos nosotros nos íbamos sentando, y alguno más se cambiaba el sitio por lo que no me sentía el único con derecho avisando como los demás a los dueños de los respectivos pupitres. Marta me miró y sonrió, como cabía de esperar ya que era de costumbre en ella... pero supongo que no saludará a todos por igual. Yo le devolví el saludo moviendo los dedos de la mano. Bookm! Filiberto daba un golpe con su libraco con hasta un zoo -de lo más particulario- y empezaba a explicar mientras todos los más avispados tenían ya el libro abierto por la página correspondiente del tema 15, la 232, lo sé porque lo había visto como otras tantas veces así que abrí el libro a la primera... supongo que estas cosas pasan porque lo tienes ya gastado o arrugado de tanto abrirlo y las páginas se despegan más fácilmente cuando ya han sido visitadas."
-Bien, hoy vamos a dar el entrelazamiento, el cuántico, por supuesto, como bien sabréis hay muchos ejemplos de entrelazamientos... como los cordones de mi zapato.
-Jajaja- Reían mientras le miraban los mocasines que enseñaba desde lo alto de la tarima.
-Bien, hoy vamos a dar el entrelazamiento, el cuántico, por supuesto, como bien sabréis hay muchos ejemplos de entrelazamientos... como los cordones de mi zapato.
-Jajaja- Reían mientras le miraban los mocasines que enseñaba desde lo alto de la tarima.
-Como os habrá explicado Bilma, la paramnesia puede ser otro ejemplo en los que se hacen dos conexiones sobre un mismo escenario en momentos diferentes... aunque yo creo que es más por el hecho de que es el mismo sitio que porque lo recuerdes igual, vamos. Bien, ¿por dónde íbamos?
-La página 232.
-¡Ah! Sí. El entrelazamiento cuántico... Gracias Isabel.
-Marta.
-¿Qué?
-Estaba pensando... en que si podríamos vernos después.
-¿Para qué? Si nos vamos a ver luego.
-Me refiero después de clase.
-Ah, vale.>>
"Qué bien sonaba en mi cabeza, pero ¿sería eso mismo lo que pasaría por su cabeza? ¿Cómo puedo estar dudándolo ahora mismo? Sabes que si empiezas así, entras en un bucle de incertidumbre y acabas por no hacerlo. ¡Se lo digo ahora mismo!"
-¡Marta!
-Shhhh... silencio ahí atrás. Isabel está leyendo:
-Shhhh... silencio ahí atrás. Isabel está leyendo:
Puedes unir dos partículas en un sistema que te permitirá saber el estado de una y de otra a tiempo real con solo observar una. Las aves utilizan este sistema para orientarse el norte y no perderse de camino en los cambios de estación.
-Muy bien. Otro ejemplo de lo más interesante es el de una fotografía. ¿Vale? Tú coges y haces una foto y, lo que dice la física es que hasta que no ves esa fotografía, ese hecho, puede ser cualquier cosa... un cúmulo de ondas de probabilidad que se juntan en el momento en el que miras la foto. Si yo le hago una foto a mi prometida, después la podré ver en casa...
-Sí, pero sí sabes lo que va a salir. Ya lo has visto.
-Pero hasta que no se junta las ondas de probabilidad y lo ves en la foto no.
-Ya, pero quiero decir, ya han -¿cual es la palabra? cohesionado...- fluctuado en el momento en el que captas el momento.
-Sí, pero como decíamos el momento se puede entrelazar cuánticamente para asociar lo mismo en situaciones diferentes. Pero depende de la cantidad, por supuesto, de información que se vaya a tramitar. Pero bien pensado.
-Oye, ¿y cómo es que sabes tanto del tema? -me preguntó Marta después de la conversación con el profesor. ¿Qué probabilidades había de que estuviera sucediendo?
-Pues... porque me gusta. Me gusta mucho. Leer, saber... ya sabes.
-Pues ya me enseñas cuando no me entere de algo.
-¡Claro!
¡Mierda! Otra vez que podía habérselo dicho y no lo he hecho. ¿Porqué pienso en hacerlo antes de hacerlo? Tendría que dejar de pensar tanto si no fuera porque pensar me dará la respuesta.
-Sigamos con alguna de las predicciones de Einstein como, por ejemplo, ¿alguien sabría decirme cuántos estados tiene la materia? -preguntaba bajando por la primera fila.
-¡Sí!-salió Isabel- Cuatro. Líquido, sólido, gas plasma.
-Incorrecto. Os mintieron. ¿Alguien sabe decirme cómo es el otro?
-¡Sí!-salió Isabel- Cuatro. Líquido, sólido, gas plasma.
-Incorrecto. Os mintieron. ¿Alguien sabe decirme cómo es el otro?
-Frío. Helado.Tanto que ni los átomos de un sistema pueden moverse.
-Así es. -me dijo tranquilamente llegando hasta donde estaba yo. -Muy bien campeón, ya sigo yo la clase. -me espetó bajito. -A ese estado se le llama, porque ningún otro le ha puesto otro nombre, Condensado de Bosé-Einstein. Dos sistemas idénticos entrelazados entre sí en este estado, podría teóricamente abrir las puertas al teletransporte.
¡Vaya! Exclamaron los más sorprendidos.
¡Vaya! Exclamaron los más sorprendidos.
-Pero no creo que vivamos lo suficiente para poder llegar a ver los primeros avances y máquinas del tiempo, y el espacio. Ya que, diganme, ¿Si te puedes desplazar de un lugar a otro, no estás ahorrándote el viaje laborioso de tener que viajar en medio de todo el tráfico? ¿No es al fin y al cabo un nuevo medio de transporte que controla el tiempo? Así Alex no llegaría nunca tarde a clase, ¿verdad?
Jajaja Bueno, sí, porque creo que se dejaría el despertador puesto tarde.
Nos ahorraría mucho tiempo, sí, pero el tiempo de vida sería el mismo y no podríamos más que desplazarnos de un espacio-tiempo a otro, pero no podríamos cambiar lo que ya está hecho... solo, quizás, llegar a tiempo. Riiing Así que, no lo olvidéis chicos, -finalizaba mientras todos se ponían a recoger rápidamente- no desaprovechéis vuestro tiempo de vida que solo tenéis uno, y disfrutarlo como podáis, no os arrepintáis nunca de nada y no tengáis miedo a enfrentaros a lo desconocido.
Esas últimas palabras que no muchos pudieron oír, quizás sí oír, pero no prestándole atención me marcaron tanto que aún las recuerdo. Tenía que hacerlo, al menos darme el derecho a intentarlo. Aunque fuera una vez. Así que me acerqué decidido a ella mientras cerraba la mochila y le dije:
-Marta.
-¿Sí?
-¿Sí?
-¿Podríamos quedar un día... salir una tarde? ¿Este viernes te parecería bien?
-Es que he quedado.
-Pues desqueda. ¿Con quién has quedado?
-Con mi novio.
-Pues desqueda. ¿Con quién has quedado?
-Con mi novio.
-Ah. Uh...
En ese momento supo que acabaría siendo solo su amigo, el amigo que le haría las explicaciones y suspendería con las mismas respuestas. Parece increíble que teniendo ella el mismo conocimiento, o bueno, menos, sea capaz de procesarlo mejor la explicación de lo que entendía como para sacar más nota que yo... ¡sabiendo lo mismo! Siempre he creído que es una especie de favoritismo hacia todas las mujeres, quizás porque escriban mejor, se expresen mejor o porque saben que lo van a tener más duro en el mundo laboral. Yo lo haría si fuera profesor, es algo que no puedes evitar que te caiga alguien mejor o peor, pero yo me regiría por otras cosas, como las aptitudes y hasta dónde puede llegar cada uno haciendo lo mejor que sabe; aunque -según las calificaciones- para los profesores estaba claro que podía hacer mucho más. O eso o era verdaderamente retrasado y que todo eso no sea más que una pérdida de tiempo, el dedicarme a lo que he estado haciendo toda mi vida que es pensar... a diferencia de otros que se los tiene que servir masticadito.
"No sé si estas cosas me suceden en la vida porque sí, o porque nadie se toma las cosas con tanto tiempo para pensarlas y tomar una decisión como yo. Y sin embargo, el resto del tiempo lo paso, sin saber cómo, a merced de los demás. Viendo y haciendo lo que los demás querrían hacer. Supongo que sería porque no le interesaba, aunque quizás si lo hubiera hecho antes..."
"No sé si estas cosas me suceden en la vida porque sí, o porque nadie se toma las cosas con tanto tiempo para pensarlas y tomar una decisión como yo. Y sin embargo, el resto del tiempo lo paso, sin saber cómo, a merced de los demás. Viendo y haciendo lo que los demás querrían hacer. Supongo que sería porque no le interesaba, aunque quizás si lo hubiera hecho antes..."
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jueves, 7 de noviembre de 2013
¿Que quién soy? "Soy un escritor al que a veces se le olvida quién es", pero luego veo la vida con ojos críticos y me acuerdo.
Mi problema es que a veces se me olvida quién soy. No se me da bien eso de recordar una opinión o de tener siempre la misma rutina, los mismos hábitos, puede que salvo por alguna esporádica manía como lavarme las manos antes de comer, pero creo que no rozo límite con la hipocondría, creo que es más una cuestión higiénica que mental.
Pero dejando a un lado los asuntos más personales, básicamente no soy nadie. Y he convertido esta "debilidad" en mi fuerte para crear distintas personalidades y psicologías varias siempre rondando mi cabeza. Además, soy una persona que trata de tener su propia opinión en todo, de creer en lo que enseñan los sentidos pero teniendo siempre la cabeza para desmentir los espejismos. Por lo demás, he sido como una esponja a la hora de entender, aprender y mejorar mis habilidades sociales con lo que me parece justo para mi. No todos tenemos las mismas facilidades, manías ni costumbres, y hacérselas tener a otra persona no es lo más indicado. Pero en el mundo de la literatura puedo hacer maniático a cualquiera, o que tenga una rutina de lo más normal hasta que ocurre algún suceso inusual al personaje como por ejemplo cuando llega tarde a la oficina a trabajar y se tropieza con la ancianita que estaba entre la puerta de su casa y su coche, aunque aún a riesgo de sufrir por la cintura los problemas de ciática que normalmente tienen las mujeres de cierta edad, disfrutó de tener a su apuesto vecino encima y sin pantalones porque se habría despertado tarde para ir a trabajar... típica anécdota que contaría entre sus compañeras de juegos de mesa clásicos.
También los doto de opinión, personalidad (claro que hay que tener poca o una bien definida para no interferir en los hechos y pensamientos del personaje) hasta rutina a veces, pero te tienes que salir de lo usual mediante ideas, gustos, aficiones, manías y, aún así, responsabilidades. Y claro, como me dejo influenciar por todo mi alrededor, y por todos, la limitación no depende prácticamente de mi mismo sino del ambiente en el que esté o sitios y personas que frecuente dejándome inspirar por el momento para llevarlo después a donde tenga que llegar. Aún así soy una persona curiosa que investiga a la mínima, y ansiosa como para querer llegar al fondo de la cuestión de todo siempre que puedo con algún tema o afición que me interese. Y todo esto siempre abre más la mente.
Pero aquello que te abra la cabeza, te la tiene que cerrar de alguna forma. Y es difícil cerrar una historia sin un final igual que en la vida real, es más fácil escribir bellos finales idílicos o hacer que los personajes se maten y/o se enamoren casi al mismo tiempo. Pero al final no es más interesante un relato por una frase, sino por un contexto y una buena construcción de la historia.
Pero son esas pequeñas cosas las que hacen y llenan un relato, de información, de veracidad, y eso no es más que el contenido vacío si lo recoges en tu día a día individualmente.
Pero dejando a un lado los asuntos más personales, básicamente no soy nadie. Y he convertido esta "debilidad" en mi fuerte para crear distintas personalidades y psicologías varias siempre rondando mi cabeza. Además, soy una persona que trata de tener su propia opinión en todo, de creer en lo que enseñan los sentidos pero teniendo siempre la cabeza para desmentir los espejismos. Por lo demás, he sido como una esponja a la hora de entender, aprender y mejorar mis habilidades sociales con lo que me parece justo para mi. No todos tenemos las mismas facilidades, manías ni costumbres, y hacérselas tener a otra persona no es lo más indicado. Pero en el mundo de la literatura puedo hacer maniático a cualquiera, o que tenga una rutina de lo más normal hasta que ocurre algún suceso inusual al personaje como por ejemplo cuando llega tarde a la oficina a trabajar y se tropieza con la ancianita que estaba entre la puerta de su casa y su coche, aunque aún a riesgo de sufrir por la cintura los problemas de ciática que normalmente tienen las mujeres de cierta edad, disfrutó de tener a su apuesto vecino encima y sin pantalones porque se habría despertado tarde para ir a trabajar... típica anécdota que contaría entre sus compañeras de juegos de mesa clásicos.
También los doto de opinión, personalidad (claro que hay que tener poca o una bien definida para no interferir en los hechos y pensamientos del personaje) hasta rutina a veces, pero te tienes que salir de lo usual mediante ideas, gustos, aficiones, manías y, aún así, responsabilidades. Y claro, como me dejo influenciar por todo mi alrededor, y por todos, la limitación no depende prácticamente de mi mismo sino del ambiente en el que esté o sitios y personas que frecuente dejándome inspirar por el momento para llevarlo después a donde tenga que llegar. Aún así soy una persona curiosa que investiga a la mínima, y ansiosa como para querer llegar al fondo de la cuestión de todo siempre que puedo con algún tema o afición que me interese. Y todo esto siempre abre más la mente.
Pero aquello que te abra la cabeza, te la tiene que cerrar de alguna forma. Y es difícil cerrar una historia sin un final igual que en la vida real, es más fácil escribir bellos finales idílicos o hacer que los personajes se maten y/o se enamoren casi al mismo tiempo. Pero al final no es más interesante un relato por una frase, sino por un contexto y una buena construcción de la historia.
Pero son esas pequeñas cosas las que hacen y llenan un relato, de información, de veracidad, y eso no es más que el contenido vacío si lo recoges en tu día a día individualmente.
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