jueves, 21 de marzo de 2013

Un hombre que entró en un bar para olvidar y olvidó por qué entró



Pescaba en el río y se comía, incluso crudo, algún que otro pescado. Cual oso. Esa fue una de sus acampadas en el bosque, junto a un río. No se le apareció ningún peligro, no tenía porqué aparecersele. Y con la caña de pescar, paciente, esperaba a que picara alguno, si no pues tenía cangrejos de rocas no muy lejos para comer con facilidad. Decía todo esto mientras se tomaba un par de cafés, el café es lo que le mantenía despierto (lo calentaba mientras podía ya que en el termo no mantenía mucho el calor) y pasaba en vela toda la noche, nunca se sabe, hay que ser precavido. Junto a la fogata leía algo, no recordaba exactamente el qué, pero le gustaba, sino no lo estaría leyendo. En ese momento pican, picaba un despistado pez. Se acercó a la orilla, tenía hambre... pero las ganas le superaron, y la fuerzas por llevarse algo a la boca le superaron. Tensada demasiado, el cable de una caña vieja y casi oxidada, cedió y se rompió. Se pasó toda la mañana siguiente arreglándolo, y para cuando pudo pescar un pez, la fogata se había apagado. Solo quedaban unas pequeñas brasas que sirvieron para hacer sufrir más al pez, pensó que tal vez si le cortaba la cabeza sufriría menos. Se quedó con las dudas, porque se seguía moviendo igual, como si aún pudiese luchar por respirar. El pez no era muy grande, pero una trucha bastaba para quitar el apetito incluso aunque estuviese a medio hacer. A pesar de no ser muy grande, cubría de sobra todas las brasas que aún se notaban calientes. Y entre eso, y el hambre, poco tardó en rebanar al pez por la mitad. Por poco no olvida sacarle las tripas que devolvió al mar y le hincó bocado. Se preguntaba si los amigos del pez se comerían sus tripas... puede que hubiese sido mejor dejarlas en tierra. Pero ya era tarde, y decidió limpiar el suelo de la cabeza de la trucha de una patada devolviéndola, junto con las tripas, al agua; la otra parte del pez iba a parar a sus tripas. Notaba como si tuviese el estómago algo hinchado, inflamado, pero no le dio importancia ya que seguramente sería por la comida. No estaba mal, tenía sabor. Las espinas salieron fáciles, pero puede que se tragase alguna sin problemas... como los gatos. Lo que le hacía plantearse preguntas de vital importancia para matar el aburrimiento. ¿Porqué a los gatos les gusta tanto el pescado pero no el agua? ¿Cómo podían saber que les gustaba algo que no podían cazar en la naturaleza?

Fuera nevaba, y cualquier rastro de calor se lo llevaba la ventisca. De vez en cuando por la meseta pasaban camiones cerca de la estación de autoservicio, gasolinera y el bar de Charles. Un camión frenaría hasta casi empotrarse contra un árbol. Algún joven ciervo iba desorientado por el mal tiempo, se había separado de su grupo.
- ¿Le pongo algo, señorita?
Estaba tan absorto en sus pensamientos que ni se fijó en la joven que se sentó en el otro extremo de la barra. Sin embargo, uno del grupo que estaba haciendo una timba de póker se la quedó mirando, y no precisamente a la cara; estaba de espaldas.
- Sí, por favor -dijo la jovenzuela a la vez que se giraba como si hubiese sentido un escalofrío que le recorría toda la columna empezando por abajo. -Un gintonic.
Nuestro compañero, el jugador de póker que miraba las increíbles posaderas de la joven dama hizo un rápido gesto de disimulo haciendo como que cogía una ficha que ya tenía en la mano. Se la mostró a ella sonriéndole. Ella decidió subirse el pantalón, parece que estaría pensando en el famoso “efecto hucha”. Uno de los caballeros de la timba se acercó a la señorita. Ella hizo un amago de dirigirse hacia el atractivo jugador que llevaba un puro en la boca y un traje y sombrero blanco. Este se dirigió al camarero y pidió un bourbon con hielo, dos de ron y un zumo de arándanos. “Enseguida, caballero”.
- Si quiere acompañarnos... las damas siempre son bien recibidas.
- No gracias, muy amable. Solo quería tomarme algo, no necesito que un grupo de ludópatas se que me queden babeando...
-Si tiene algún problema con alguno de mis compañeros de partida, no dude un segundo en decírmelo y haré todo lo posible por evitar posibles malentendidos.
-Aquí tiene señorita. Ahora mismo estoy con usted caballero.
-Tráiganoslo a la mesa, si es tan amable.
-Ahora enseguida.
Tony Leblanc volvió a su sitio en la partida, no sin antes pedirle a su amigo que por favor se cerrara la boca para no babear todo el suelo, eso disgusta a las damas. La siguiente ronda iba a comenzar. Nadie tenía ninguna suma de dinero importante, pero Tony había podido sacar algo de ventaja. Fred seguía jugando con la ficha pasándosela de una mano a otra mientras Eric Black observaba atento los viejos trucos de mago que todo el mundo conocía. Aún así no podía dejarse de sorprender cuando se apostaría a que la ficha estaba en una mano cuando en realidad estaba en la otra... o en ninguna.
-¿Apuestas o no? -dijo algo irritado Larry Callahan.
-Voy.
Fred Brown dio un golpe en la mesa; pasaba. El camarero se acercaba con una bandeja con las bebidas. Las puso a un lado, pero céntrico, sobre la mesa, para no impedir el juego de apuestas mientras Tony, tras rascarse el bigote mosquetero, cogió la baraja y siguió con el proceso habitual en los juegos de cartas. Eric le acercó su zumo de arándanos.
El viejo camarero volvió con su bandeja grisácea vacía y se sentó detrás de la barra tranquilamente hasta que alguien le volviera a necesitar. Mientras, la chica, expectante por el caballero que tenía al otro extremo de la barra, se preguntaba para sus adentros si le habría pasado algo. Parecía deprimido recordando mientras se terminaba el café solo con otro sorbo mas sin ni si quiera percatarse de que ella le miraba. No había quitado la vista del café ni para verla, excepto cuando se dirigía nuevamente al camarero que se acababa de sentar recientemente.

-Otro café, pero sin prisa. -dijo tratando de disculparse por la importunidad de su insatisfecha necesidad, puede que para mantenerse despierto o para distraer la mente con las manos y, seguramente, para tener algo nuevo que mirar que no fuere una taza vacía. Su cabeza acaba recostada sobre el puño con el que no sujetaba la taza, apoyándose sobre su mejilla derecha, ladeó esta ligeramente hacia ella. No sabe muy bien porqué, pero ha terminado mirando a la chica que le miraba fijamente.
 Sabe que la he visto mirándome y aún así se esfuerza por apartar la mirada, así que no me paro mucho para verla, pero he tenido el tiempo suficiente para fijarme bien. Ella era una joven atractiva, de la clase de chica que no puede ocultar sus encantos, pero, a juzgar por su pantalón vaquero apretado diría que es una chica con carácter y personalidad fuerte. Bien marcada, casi tanto como su firme y bien puesto culo que calentaba el taburete del bar de Charles. El dueño, Charles, había tardado poco en incorporarse para servir otro café a su cliente cuando una ventisca cargada de frío y nieve invadía el salón haciendo volar alguna que otra carta de la mesa.
-Su café, ¿va a querer algo más?
-No, de momento no, gracias. -con el repentino frío le apeteció más un nuevo sorbo de café caliente y cargado para combatir el entumecimiento por el frío y el sueño de la tarde entrando en la noche.
 *******

¡Ala! -musitó entre dientes Larry porque se le había volado una carta -¡Pero no la mires!
-No he podido evitarlo -contestó Fred. Se agachó para recogerla, estaba boca abajo y seguramente querría voltearla para verla bien porque no habría podido saber bien cuál era.
-Como lo intentes te rompo los dedos. -amenazaba Larry incorporado bajo la mesa junto a Fred.
Larry tenía la mala fama de ser un tipo que se irrita con facilidad al igual que Fred tenía la mala costumbre de hacer trampas en la medida de lo posible mientras no se diese cuenta ninguno... Al fin y al cabo, no era el menos deshonesto que había en esa mesa. De Tony Leblanc se sabía que amañaba apuestas en las carreras y combates de boxeo. De todas formas Eric Black era su apuesta segura normalmente a la hora de un combate, así que últimamente no estaba siendo tan ilegal. Por el contrario, Eric, estaba esperando una oportunidad para ganar dinero extra desde aquella vez que se dejó golpear hasta caer sin poder levantarse en una cuenta de diez. Andaba algo mal de pasta, por eso estaba intentando apostar para sacar dinero aunque no fuese el mejor método ni contra los mejores adversarios contra los que poder ganar; no era un combate de boxeo. Pero si las cosas se ponían feas, tenía las de ganar, no le costaría quedarse solo en un momento en el bar. Desde su posición, Eric, podía ver todo el bar, desde la pareja distante de la barra hasta el baño que se situaba cerca de la puerta de entrada que antes había barrido el viento a su paso hasta la mesa. Se le antojó otro poco de coñac, pero de momento tenía ron, así que le dio un buen trago hasta finiquitarlo. Leblanc cogía el encendedor y el puro que había dejado en el cenicero que tenía a su lado.
Mordió el habano.
-Dime, Eric -dijo mientras chupaba el puro con el fuego frente a sus narices- ¿Tienes pensado algún combate difícil para poder apostar a tres asaltos?
-Aún no hay rival que dure tanto -respondió riendo.
-Subo 20.
-¿20? Cagüen... no voy. - Larry, además de ser irritante, era bastante tacaño y no se permitía perder nunca a menos que estuviese muy convencido de lo que tenía. Y menos ante una apuesta que había hecho el mago que, aunque no era muy alta, bastaba para hacerle perder los estribos y el poco dinero que había tenido que apostar.
Eric, con su farol de un cuatro y un tres parecía que iba a ganar esta ronda, por ahora.
-Los veo y subo 10. -LeBlanc podía ser un tipo perfectamente honesto o tramposo, pero no se dejaba intimidar por un casi seguro que farol, claro que tampoco era un tipo tonto, así que, por casualidades, se dignó a subir la apuesta con una pareja de reyes en la mano.
-No voy.
-Lo veo.
Sacaron las convenientes cartas y siguió la apuesta. Un tres, un diez y un cinco daban ventaja al mago quien dijo “paso”. Tony no añadió nada más. Eric maldecía como diciendo “habría ganado” aunque no fuese así. Se limitó a seguir sacando cartas al centro, si repetía una cualquiera ganaba seguro, pero la siguiente volteada no favorecía en absoluto a Leblanc. En la mesa había tres cartas de color con un nuevo cinco, el mago aspiraba a tener color con un tres, un cuatro, un cinco y un diez de rombos. Un diez, la última carta. Ganó Tony sin mucha preocupación. Eric se resignó a comentar nada al respecto y veía como su apuesta en falso se retiraba poco a poco por las manos del mosquetero blanco. Lanzó las cartas boca-abajo sobre la mesa.
-Esperar un poco que voy al baño -dijo Larry con la intención de levantarse- Esperadme, eh, insistió. No me quería tener que llevarme las cartas para que no las viera el tramposo este.
-Te habías retirado, podías irte cuando quieras.
-¡Tú calla! Que has perdido. -vociferaba girado entrando en el baño.
*******

El negro se acercó a la barra a pedirse su coñac mientras dejaba la copa de bourbon. Estaba entre medias de una nueva batalla de miradas indiscretas que tenían como excusa un nuevo invitado de color. A ella le llamó más la atención sus fibrosos músculos y sus tensas y gruesas venas del cuello ancho que tenía para sujetar esa gran cabeza que recibía los golpes. Charles el viejo se levantó de nuevo a servirle su nueva copa, momento que aprovechó el de los cafés solos para pasar a tomarse una nueva bebida.
-Una cerveza.
Acabó de servirle el coñac y se dispuso a servir la birra no sin antes dejar pasar un poco de espuma. Dos dedos salió, pero era una buena caña. No como la vieja que usaba parar pescar... desde hacía un tiempo que le dolía la cabeza, e incluso notaba que veía peor, pero tampoco lo podría asegurar. No era alguien que se fijase en detalles que estuviesen a más de de un brazo de distancia, pero podía, aún así, ver que la barra tenía algunos dulces de sus favoritos y poco más. Sus ojos estaban cansados, bebió un trago y conforme pasaba el tiempo sentía que era mejor dejar de fijar su mirada en otra cosa que no fuese lo suyo. Hacía más de dos semanas que tenía esa sensación de ahogo en el pecho como si quisiese su corazón brincar desde dentro pero no tuviese espacio y se tenía que conformar con quedarse donde estaba. Otro buen trago le hizo tener ganas de ir al baño, así que se levantó con cuidado y se dirigió algo tambaleante al servicio. La puerta seguía abierta. Llevaba ya bastante tiempo sentado y se acababa de tomar un buen trago de cerveza, la pérdida de equilibrio momentáneo no sería nada más que algo sugestivo. Tampoco había tomado tanto... aunque sí lo suficiente como para pararse tranquilamente a vaciar el depósito. Lo que le recordaba cómo y cuándo había llegado hasta allí. Tras cruzarse con Larry y el mal olor que desprendía recientemente el lavabo, se tomó el tiempo suficiente para relajar el esfínter. Era uno de esos buenos momentos de relax. Incluso le estaba entrando hasta sueño. Parecía que se había acostumbrado al mal olor enseguida así que disfrutó mucho mejor su paso por el lavabo. Cuando terminó se dirigió al único espejo del baño. Sus pupilas parecían bailar, pero se lo atribuyó a su dejadez y a la cerveza y no le presto mucho la atención.
Con paso lento llegó a su taburete para sentarse fatigado. Los cacahuetes que había en la mesa le parecían menos apetecibles que cuando había llegado. Pegó un nuevo trago a la cerveza.
- Hola, disculpe, pero ¿me puede pasar el servilletero?
Las manos le sudaban, pero ella seguramente creería erróneamente que se debía a que se había lavado las manos. Él, en apariencia tranquilo, le pasó deslizando el servilletero a la despampanante hembra que le dirigía la palabra en ese momento. No estaba nervioso, simplemente no tenía ningún interés en nada. No era la chica desde luego, era él. La muchacha puede que pensase “qué apático”, pero humildemente tampoco creía que fuese a ser de su interés, además cómo podría imaginar que pudiese estar interesada ella en un tipo tan soso como él. Apenas decía una palabra. Puede que fuese tímido y estuviese nervioso, de hecho puede que eso sea sudor de nervios. En fin, una chica tan guapa como yo que se digne a hablarle y a sonreírle a un desconocido... no sé. Por un momento me pareció que se había ruborizado.
A ella le faltaba la modestia que le sobraba a él quien se limitaba a repasar sus pensamientos.

 Menos mal que he parado, porque o el café me ha bajado de golpe, o verdaderamente me estoy cayendo de sueño. Debería ponerme en marcha... en cuanto me acabe la cerveza. Y puede que un dulce de chocolate me despeje. Pidió tras el dulce la cuenta al camarero, el cual ligeramente entusiasmado, pero sin mostrarlo un ápice y con sus buenos y modestos modales, le sirvió la cuenta. Por fin Charles hacía algo de caja, era el primero de sus clientes en pagar. Ya se preguntaba si le daría algo de propina a pesar de que le hubiese respondido igual de bien a sus buenos tratos, siempre es de agradecer algo. Pero por el momento se limitaba a leer los ingredientes que tenía la chocolatina que no era sorpresa que tuviese un alto contenido en glucosa. Le costó menos abrirla que ya en la boca tragarla y saborearla. Estaba a punto de pagar, pero no sabía muy bien a dónde quería ir. Puede que no fuese nada importante y por eso se le había olvidado, o puede que fuese una laguna provocada por el recuerdo de cuando era un bebedor compulsivo. Esa cerveza le había traído recuerdos de un pasado que no podía situar bien en el tiempo, aunque quién puede hacer eso hoy en día si no es con un calendario. Estaba algo confuso respecto a la cuenta, no recuerdo haberme tomado dos cafés, pero ahí estaban las tazas, lo que significaba que se equivocaba. En todo el bar se oyó un estruendo. Estaba ligeramente distraído, pero no puede ser, hay algo que no me cuadra... creyó que quien abrió la puerta fue la ventisca esta vez. El cliente veía unas manchas rojas de pisadas de la entrada hacia el baño. Alguien había entrado dejando semejantes huellas en el suelo. Se acercó tras dejar más de la cuenta al camarero. Abrió la puerta del baño y vio a un hombre con las manos ensangrentadas mirándose al espejo entre alterado y sereno, calmándose mientras se lavaba las manos dejando un reguero de sangre por la pila que se llevaba la corriente de agua por el desagüe. Nadie se había percatado de la presencia de la otra persona, pero sí pudieron oír cómo se desplomaba el cuerpo sin vida del modesto cliente que tenían antes al lado. En cuanto el primer curioso se acercó pudo ver el cuerpo sin vida de su compañero de barra. La chica se asustó tanto que el grito que pegó alertó a todo el bar y a quienes pudieron ver las huellas de sangre ir y venir del baño.

El joven ciervo se había desviado de su trayecto para perder la vida y hacer que un camionero lo arroyara haciéndole tener que parar hasta casi chocar con un árbol frente al bar, también le hizo tener que parar para limpiar como pudiere la sangre, antes de que se congelase sobre el cristal, y para que la carne que le había regalado el animal dejase de adornar la parte delantera del camión.

[El autor se reserva el derecho de poder cambiar en cualquier momento su historia de los hechos]

viernes, 15 de marzo de 2013

Consulta-zapatería del Doctor Zapata

Un letrero que dice "Consulta-Zapatería del Dr. Zapata"

Entra un cliente acompañado de sus pacientes habituales.
- Buenos días, por favor, siéntese y cuénteme.
- Pues verá Doctor, mis zapatillas están enfermas.
- Dígame, ¿por dónde ha estado usted caminando?
- Pues verá, eso es lo más curioso. He estado en casa la mayor parte del tiempo y...
no me explico porqué.
- A sus zapatillas no les pasa nada, su sistema inmunológico está deprimido, sí.
Pero como ya debería saber usted, a las zapatillas hay que tratarlas bien, con cariño,
y sacarlas de vez en cuando. Le recomendaría que jugase un poco al baloncesto,
o alguna otra afición que le incluya llevárselas consigo puestas
- Gracias doctor.

El mismo cliente vuelve al cabo de unos pocos días.
- Doctor, ahora están peor, huelen mal y creo que no solo están deprimidas sino además cansadas...
- Eso es que le ha llegado la hora de un cambio, necesita una nueva pareja urgentemente.

lunes, 25 de febrero de 2013

Mi inspiración adaptada


Voy a pasarme la vida entera en una época equivocada, con la gente de ahora y la ropa desfasada.
Así que, por lo menos, espero que me dejen llegar lo suficiente lejos como para que algo de eso cambie y te aseguro que no seré yo.
Lo poco que me consuela está a media noche en París. Saber que otra gente nació en la época errónea. Por lo visto los 50 y 60 se llenaron y ahora, para poder ir hacia atrás, lo único que me queda es ir hacia adelante. Pero no pienso esperar, quiero hacer algo por cambiarlo. Aún no sé el qué, aún no sé cuándo, no sé cómo, pero solo espero no morir pronto. Y la verdad, no lo digo por mi.

Cada día me pregunto lo mismo, "¿Si muriese hoy merecería la pena todo el esfuerzo que he hecho en mi vida, todo lo que he sacrificado no siendo quién no soy?" No soy mas que un vago que, además de vago, tiene las ideas bien puestas. Esa clase de ideas que fluyen, se esparcen y diversifican en un mar de dudas. Dejándolas vagar como almas en pena, sin lo uno y sin lo otro; sin gloria mas que la ajena. ¿Porqué no cambia ya todo? Es frustrante saber que algo tiene que cambiar, saber qué funcionaría mejor, pero que para llegar a ello no solo tenga que pasar el tiempo sino que pasará por manos avispadas y aprovechadas además de estúpidas. Por lo visto no saben que la información llega, puede que les llegue para la jubilación, pero no pasarán más de eso. No serán recordados por las cosas buenas que hicieron, por los cambios que movieron en beneficio del resto, porque no hicieron ni una cosa ni otra más que por un momento egoísta con muchos ceros detrás.
Solo quedarán más que huesos para los perros. Y como ya he dicho, yo soy uno de ellos. Un perro que quiere el fémur, pero se conforma con una falange.

La verdad, esto es lo más parecido a ser tal y como eres delante de alguien. Cuando pones el entusiasmo (porque no te queda otra) de sentir que lo haces por algo, para alguien, además de para uno mismo... eso me consuela. La libertad total de escribir lo que te venga en gana. Y haber escrito algo digno de ser leído, entendido y, quizás, admirado. Esto último no sabría muy bien porqué. Pero creo que tengo facilidad. Puede que la escritura no sea una de esas facultades, pero todo hay que probarlo. Mejor que hilar camisas de seda se me da. Puede que se me de bien el borrado. Borrar aquello que creí en aquel momento que estaba bien. A lo mejor solo es que sé mejorar las cosas. Ojalá pudiera mejorar todo más a menudo y tan rápido, pero no puedo. No puedo, es físicamente imposible. Cuando necesito el afecto y cariño de alguien, una mano amiga que me ayude a repartir alegría o que sepan devolvérmela a tiempo. Cuando quiero. Puede que sea ambicioso, sobretodo si hablara de algo más que eso. Pero por lo menos me conformo. Aunque todo lo que tenga a veces sea un ordenador, un teclado y mi falta de ganas de ponerme a hacer algo que verdaderamente merezca la pena.

Pero bueno, como ya he dicho, por lo menos estos pensamientos seguro que ayudan a alguien. Por lo menos me ayudarán a mi. Aunque aún no sepa porqué, aún no sepa quién. Tarde o temprano siempre llega la inspirada salvación que todos necesitamos alguna vez. Solo espero que la mía llegue pronto, y en forma de hermosa mujer.
Eso sí que sería inspiración.

domingo, 13 de enero de 2013

En la búsqueda espiritual de un hombre

Todo comienza siempre con unas preguntas tan básicas que hasta un niño se puede preguntar. "¿Quién?" y sobre todo: "¿Por qué?... y por qué; porque...".
El ser humano es una responsabilidad. Tienes la decisión en tu mano, o en tus palabras, y si te preguntas porqué llegarás a quién. Quién eres. "¿Quién soy?" pero lo mejor de todo viene cuando te das cuenta que puedes ser quien tú quieras, puedes ser como quieras ser y que eso lo es todo; no hay nada más.
Todo lo demás no vendrá de ti y, para ser uno, tienes que escuchar lo que realmente quieres. Todo se basa en eso, en esa búsqueda por encontrarte a ti mismo en un futuro habiendo realizado tus sueños, habiendo alcanzado tus metas o, simplemente, habiendo llegado a donde querías llegar.
Y por qué eres tú y no otro. Y por qué eres así y no de otra manera. Y por qué has tenido la suerte de ser tú. Y por qué crees que eres así. ¿Te gusta lo que haces? ¿Te gusta cómo eres, quién eres?
La respuesta nunca puede ser "NO". Por que si es así, quiere decir que te equivocaste en algún momento en tu camino por encontrar la felicidad con aquello que verdaderamente amas. Puede ser cualquier cosa, puede ser alguien, puede ser un conjunto o puede sencillamente no ser nada. Eso es lo que te define. Eso es lo que quieres perseguir, lo que esperas encontrar, y para ello estás haciendo cosas y luchando a diario contra un sueño fracasado. Pero peor aún, podrías no saber qué quieres en tu vida y lo más curioso de todo, es que no puedes empezar planteándote qué no quieres porque aquello que no deseas se irá solo con tu presencia en el tiempo. Si eres capaz de escucharte, y responderte el por qué de ti mismo, por muy raro que te parezca, las mejores respuestas serán siempre "SÍ" e incluso, básicamente, "No lo sé".
Al fin y al cabo, lo único que importa es sentir que estás haciendo las cosas bien.
Las únicas normas en este camino son NO entorpecer ninguna otra meta, y sobre todo NO tratar de ser quien no quieras ser.

martes, 11 de diciembre de 2012

Empanadilla de Móstoles

Da igual cómo te vaya el día, si has dormido poco, si has tenido prisa y no te has podido meter en el cuerpo un desayuno sólido o si el día se avecina con tormenta, no te has levantado con el mejor de los ánimos y encima tienes que aguantar por la mañana cualquier cosa insufrible. El momento sagrado de la hora del almuerzo no me lo quita nadie. Ese momento justo antes de llegar al horno habitual, que vas dejando atrás otros con un olor a pan horneado que más que alimentar o quitar el hambre lo elevan a su máxima exponencia, donde al llegar te atiende la joven y maja encargada de todos los días para preguntarte "¿Qué desea?" y lo único que me viene a la boca es un pedazo de cielo "Una empanadilla".
Sí, puede parecer ridículo, puede parecer una chorrada, pero se está convirtiendo más que en un hábito, en una tradición. Da igual cómo te sientas de mal, no hay nada que no pueda remediar esa empanadilla de atún desde el primer bocado hasta bien pasado ese mágico final. Venía pensando mientras la devoraba lentamente, ya que es de los pocos placeres que me permito degustar con tanta tranquilidad, "¡Madre mía! Si existiese una montaña mágica en el cielo sabría a esto". Porque claro, llamarlo un pedazo de cielo con lo marrón que es, pues no parecía muy lógico. Y es que esa punta final, es, es... oh; no sé muy bien qué es, ni si quiera se me da bien especificar o explicar a qué sabe. Es algo que hay que probar al menos una vez en la vida, en concreto esa punta que culmina un buen almuerzo. Una punta crujiente, roscada (de tostada o de "quemado"... como si fuera el "roscaet" de las empanadillas), con un sabor a aceite de oliva insuperable. Venía pensando que no lo cambiaría por nada, y me acordaba de un viejo capítulo de los Simpson en el que Homer tiene que decidir entre un boleto de la suerte premiado o una "Yodel" (una especie de dulce americano que a saber cómo se escribe)... "Ojalá tuviera aquí esa empanadilla para poderla de gustar otra vez".
Es como esa sensación que te viene a las fosas nasales y por tanto a lo más profundo del alma, cuando con una buena comida o después te suenas la nariz y te viene una oleada de sabor... pues eso. La verdad, me fijo mucho en los detalles, aunque no podría asegurar si cada vez que estoy disfrutando de un buen plato me sueno cada vez, sí podría afirmar con seguridad que aquella empanadilla de pisto con atún se me queda cada vez muy dentro del alma. Y que, por tanto, ese último pedazo de montaña diminuta que roza las nubes celestiales cuando se deshace en la boca es algo verdaderamente mágico.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Pobres palomas (Pensamientos Fulghumeantes)

Estamos engordando a las palomas, para muchos la mugre de la sociedad, pero nadie piensa en cocinarlas y comérselas; aunque tampoco sería una solución, supongo que por las enfermedades que conllevaría. Esta sociedad tan preparada para sacar beneficio y partido de los problemas ajenos, me da la sensación que cualquier día empezaremos a sacar negocio cuando tengan el suficiente dinero como para elegir entre un gimnasio o una rápida liposucción.

Cada otoño la misma historia. Entre largos paseos me topo aún con algún árbol de esos de crecimiento rápido, supongo. Y como al salir de un exámen, las hojas llegadas el final de su misión en el árbol se desprenden y las olvidan a su suerte. Pero quiero creer que esa suerte forma arte de algún plan natural, que esas hojas tienen el cometido de desintegrarse entre la sociedad, como en un futuro con las palomas. Confieso que me encanta escuchar el crujido de hojas secas y conforme avanzo por la calle, siempre que puedo, chafo algunas, y cuantas más mejor. Lo más entretenido es cuando, de mañana temprano, nuevas hojas que esperan la llegada de alguien que termine con su sufrimiento son satisfechas una tras otra, tras otra; no me gusta encontrarme con que siguen verdes, con que aún estén amarillas o peor aún, cuando te das cuenta de que ya las ha chafado otro. Es como ver la belleza en el reciclaje natural, el curso de natural de las cosas, basura biodegradable.

Y mientras droides medio humanos medio robots ya andan por las calles con una absoluta dependencia por la tecnología avanzada en la comunicación a distancia, pero cuando se trata de entender cara a cara esa tecnología es inútil porque aún nadie ha sabido describir y explicar la comunicación del hombre de las cavernas, supuestamente más simple, pero a la vez necesaria para entenderse. Aunque si quiera hoy en día entienden su parte humana. Yo mientras voy danzando al son de las hojas, con papel y boli cuando quiero apuntar algo, como mi alarmante preocupación por el sobrepeso de las palomas. Si es que tantos viejos parados y sentados en un banco con las migas que se caen al suelo da que pensar.Y entonces es cuando me doy cuenta de estos pensamientos y me decido a escribirlos como estoy apunto de acabar ahora mismo. Esperemos que algún grupo social se de cuenta de este problema y empiecen con nuevas leyes para los androides, pero al paso al que avanza todo creo que serán las palomas las que tomen la iniciativa.

sábado, 30 de junio de 2012

En un mundo paralelo...

...el presidente del país es acosado por el pueblo, y castigado si no cumple con su deber en el cargo. Dirigir, gobernar y llevar a cabo todas las políticas económicas y sociales. De no hacerlo justamente para todos, sufrirá las consecuencias. Y este rey, al no poder satisfacer a todo el pueblo a la vez ni poder ser justos con todos, se suicida.